Como reacción a la austeridad de los conservatorios que sólo se interesaban por los niños "dotados", hacia 1960, los métodos denominados "activos" rivalizaban en idear juegos para captar el interés de los niños pequeños. Pero, por desgracia, llegaba el día en que los niños debían abordar la música "en serio" y había que volver a empezarlo todo...


Edgar Willems resolvió el problema planteando una progresión pedagógica de una coherencia continua desde el primer curso de iniciación musical hasta el solfeo avanzado y la práctica instrumental.